Ayer, 18 de Enero se cumplió un aniversario mas de la desaparición física de uno de los estadistas mas grandes que gobernaron nuestro país, y quizás uno de los que mas debiéramos recordar quienes militamos en defensa de
Mesa Nacional de Franja Morada.
El Presidente de la dignidad nacional
Por Juan Antonio Tardelli
EldiariodeParaná.com.ar –
“La actitud del gobierno argentino es irreversible. No tenemos nada más que conversar. Hemos terminado la entrevista.” Esa fue la altiva respuesta del presidente Illia al embajador norteamericano Robert Mc Clintock, quién procuraba la revisión del decreto de nulidad de los contratos petroleros (15 de noviembre de 1963), bajo amenaza de suspensión de toda ayuda económica de los EE.UU.
La rotunda negativa presidencial representó un gesto de decoro cívico. Y el irrefrenable testimonio del sano y democrático nacionalismo que imprimió Illia a su gestión.
En sólo treinta y dos meses –su mandato se interrumpió por un artero golpe militar– concretó una proficua y muy progresista labor: vigencia plena de
Este cúmulo de decisiones trascendentes se abatió por designio de la prepotencia militar aliada a sectores corporativos (grandes empresarios, industriales y rurales, y el gremialismo burocratizado), atizados por la prédica de un periodismo golpista. Consecuencia: se trocó un gobierno constitucional y democrático, por la instauración de un sistema dictatorial y reaccionario. Fue esa, la conjura de –al decir del propio Don Arturo-“las veinte manzanas adyacentes a
Además de “Illia–gobernante”, se impone valorizar a “IIlia-político” por su extensa y prístina trayectoria. Demócrata pertinaz. Seguro de sí mismo. Poseedor de convicciones muy hondas que proyectó en su comportamiento público. Siempre impecable.
Austeridad, rectitud, capacidad para el diálogo, comprensión, respeto por el disenso crítico fue su praxis militante. Fue un político para la unidad y la creación. Nunca para la confrontación y el dicterio. Progresista por la índole de sus realizaciones. No un progresista retórico. Su estilo era la reflexión y el mensaje sobrio y docente; sin aparatosos atriles, ni monsergas cotidianas.
En estos días –el 18 de enero- se cumple un nuevo aniversario de su fallecimiento: 26 años. El recuerdo no es un episodio meramente convencional o protocolar, impuesto por el capricho del calendario. Es una apremiante requisitoria en favor de la recuperación moral de la política, tan maltratada por múltiples procesos disvaliosos. Sirva esta justa exaltación del doctor Illia como un catalizador para el logro de tan deseado y necesario objetivo, en esta comprometida instancia argentina.